La Dignidad Humana: Núcleo Duro de los

 Derechos Humanos.

 

Aristeo García González*

 

 

“La libertad, don excelente de la Naturaleza,

propio y exclusivo de los seres racionales,

 confiere al hombre la dignidad de estar

 en manos de su albedrío y de ser dueño

de sus acciones”

 

Carta Encíclica Libertas Praestantissimum

León XIII, 1888

 

 

SUMARIO: 1. Consideraciones Previas; 2. Una Aproximación Conceptual a la Dignidad Humana; 3. La Dignidad Humana, Valor Fundamental de la Sociedad; 3.1. La Dignidad Humana, Fundamento de los Valores: a) Valores Básicos Superiores de la Dignidad; 4. El Ámbito Constitucional de la Dignidad Humana; 5. México y la Dignidad Humana; 6. Los Documentos Convencionales Internacionales; 6.1. La Carta de las Naciones Unidas; 6.2. La Declaración Universal de los Derechos Humanos; 6.3: El Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos;  6.4. El Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales; 7. Consideraciones Finales; 8. Bibliografía.

 

 

1. Consideraciones Previas

 

El ser persona implica, entre otros atributos, la capacidad de poder relacionarse e interactuar con los demás individuos. Ello en virtud de que la sociedad ha sido creada por el mismo hombre, quien ha su vez a contribuido a organizarla conforme  sus intereses, es decir, procurando alcanzar su felicidad. En esa búsqueda de felicidad, el ser humano ha diseñado mecanismos de defensa que le permitan salvaguardar uno de sus atributos más preciados: su dignidad[1].

En este contexto, la idea de protección a la dignidad humana se introdujo en el Derecho positivo, tanto a nivel internacional como nacional, sobre todo a consecuencia del movimiento de defensa de los derechos humanos que tiene verificativo en la segunda mitad del siglo XX.

A partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos[2], así como de los dos Pactos de Naciones Unidas sobre los derechos civiles y políticos y los derechos económicos, sociales y culturales[3], en sus respectivos Preámbulos se reconoce que la dignidad es inherente a todas las personas y constituye la base de los derechos fundamentales, por lo que se ha convertido en el valor básico que fundamenta la construcción de los derechos de la persona como sujeto libre y partícipe de una sociedad.

De modo similar a lo que sucede con los citados instrumentos internacionales, la dignidad humana se ha incorporado a los ordenamientos jurídicos nacionales de los Estados, predominantemente en el marco de un reconocimiento general como principio fundamental, es decir, en los textos de naturaleza constitucional.

Aún y cuando el concepto de dignidad humana tuvo su inicial conformación en el cristianismo[4], con el tiempo también ha ido adquiriendo un carácter histórico, y por ende, en sectores como el político y jurídico se le ha vinculado con otros conceptos, como la autonomía, la libertad y la igualdad, que en su conjunto han constituido “valores básicos superiores”, que sirven como referente a la hora de inspirar normas básicas de Derecho, en específico, aquellas que van a reconocer derechos esenciales de la persona, tanto en el ámbito nacional como internacional.

            Dada la importancia del reconocimiento de la dignidad humana como fundamento de los derechos en el contexto de la norma constitucional y los documentos internacionales, es preciso establecer una aproximación a su concepto.

 

2. Una Aproximación Conceptual a la Dignidad Humana.

Si bien, en la antigüedad existen algunas precedentes que han servido en la construcción del concepto moderno de la dignidad, es preciso señalar que su sentido actual, arranca con el tránsito a la modernidad[5], esto es, el concepto de dignidad humana como fundamento de los derechos del hombre, en donde cada uno de nosotros es poseedor de una dignidad, es decir, somos dignos.

En este contexto, algunos autores le han denominan dignidad del hombre[6]; otros le llaman dignidad humana[7]; en cambio, algunos más afirman que se le debe llamar dignidad de la persona humana[8]; también suele llamársele dignidad del ser humano[9]. Sin embargo, la denominación, per se, no es lo más importante, sino lo que verdaderamente tiene relevancia es su contenido semántico y la forma a través de la cual debe ser protegida la dignidad.

Partiendo del significado etimológico, el término dignidad, proveniente  del latín dignitas, cuya raíz es dignus, que significa “excelencia”, “grandeza”[10], donde cabe agregar que la dignidad que posee cada individuo es un valor intrínseco, puesto que no depende de factores externos.

            Así, la palabra dignidad no sólo significa grandeza y excelencia, es decir, el portador de esta cualidad no sólo se distingue y destaca entre los demás, sino también denota un merecimiento a un cierto tipo de trato.

Por lo anterior, la dignidad se puede definir como “la excelencia que merece respeto o estima”[11]. Ejemplo de lo anterior es el caso de una persona que ocupa un alto rango o un puesto elevado y posee una dignidad, lo que exige a los demás una respuesta particular, pero esto no le hace acreedor a una mayor dignidad que el resto, ya que ésta, es igual para todos los seres humanos, sin importar su condición o puesto que desempeñe. De ahí que deba existir una relación entre dignidad humana y los derechos el hombre.

Entonces, inicialmente, podemos entender a la dignidad como aquel valor inalterable que posee toda persona por el hecho de contar con capacidad para razonar y decidir, que los otros entes no poseen.

Con lo anterior, podemos darnos cuenta que todos los seres humanos somos iguales en la medida en que todos somos portadores de una dignidad común, y por encima de todas las diferencias que nos individualizan y nos distinguen unos de los otros, es decir, todo ser humano[12] posee dignidad sin importar la condición en que se encuentre.

Aunque también cabe precisar que el uso constante del concepto de dignidad humana y la contundencia de los argumentos suele marcar ciertas imprecisiones[13] y con ello se corre el riesgo de convertirla en una expresión vacía. Esto significa que en nombre de la dignidad se puede llegar a soluciones radicalmente contrarias sobre temas fundamentales que hoy día son de relevancia, ya no sólo para el individuo, sino para la sociedad misma, entre las que se encuentran las formas de provocación y manipulación genéticas, el aborto, la disponibilidad de órganos humanos, los experimentos médicos con personas y la eutanasia, etc.[14].

Si bien las posturas ideológicas sobre la dignidad son muy variadas, en el contexto de los Derechos Humanos, y desde una perspectiva doctrinal, la noción de dignidad constituye el valor de cada persona, el respeto mínimo de su condición de ser humano, lo cual impide que su vida o su integridad sea sustituida por otro valor social[15].

De ahí que la dignidad humana se erige como principio esencial de los valores de autonomía, de seguridad, de igualdad y de libertad. Valores estos que fundamentan los distintos tipos de derechos humanos.

El concepto de dignidad puede abordarse desde dos ópticas. Por un lado, como una determinada forma de comportamiento de la persona, precedida por su gravedad y decoro. Por el otro, como la calidad que se predica de toda persona, con independencia de cual sea su específica forma de comportamiento, pues ni tan siquiera una actuación indigna priva a la persona de su dignidad[16].

      En palabras de González Pérez, la dignidad es el rango o la categoría que corresponde al hombre como ser dotado de inteligencia y libertad, distinto y superior a todo lo creado, y que comparte un tratamiento concorde a todo momento con la naturaleza humana[17].

En tal virtud, la dignidad humana está dentro del ser de cada persona, surge en el preciso momento en que ésta empieza a existir y se convierte en parte de los valores morales del ser humano. Esos valores serán los que determinarán su conducta, y al momento de ser el hombre autónomo, podrá decidir haciendo uso de su libertad. 

De lo anterior se desprende que la dignidad, en el contexto de los Derechos Humanos, es la que posee el hombre al momento en que inicia su desarrollo vital, consolidándose al convertirse en persona. De ahí que corresponda a todo ser humano y sea exclusiva del mismo, traducida en la capacidad de decidir libre y racionalmente cualquier modelo de conducta, con la consecuente exigencia de respeto por parte de los demás.

 

3. La Dignidad Humana, Valor Fundamental de la Sociedad.

Sin duda, el ser humano se ha caracterizado porque su vida gira en torno a un ámbito social, por lo que debe establecerse un orden normativo, económico y social que esté al servicio del mismo y que le permita a cada hombre cultivar su propia dignidad. Por eso, la dignidad humana requiere que el hombre actúe según su conciencia y su libre elección; por lo que los hombres siendo más conscientes de su propia dignidad, podrán respetarse unos a otros.

Así, la dignidad humana, en la modernidad, aparece en un contexto intelectual que ha superado los avatares históricos, ubicándose en un proceso de humanización y de racionalización que acompaña a la persona y a la sociedad. Para lo cual, cuando se hace la reflexión de la dignidad dentro de un ámbito que corresponde a una sociedad bien ordenada, no se describe la realidad, sino el deber ser de la misma. De ahí que la dignidad humana sirva como un referente inicial, un punto de partida y también un horizonte final, un punto de llegada, por lo que podría llamarse un derecho positivo justo[18].

 

3.1. La Dignidad Humana, Fundamento de los Valores Superiores.

En el ámbito del Derecho, la dignidad humana no sólo significa superioridad de los seres humanos sobre los animales, sino que es, siguiendo a Peces-Barba, la dignidad humana será un fundamento de la ética pública de la modernidad, siendo el prius de los valores políticos y jurídicos y de los principios y los derechos que se derivan de esos valores[19].

            Por ello, hay quienes apuntan que la dignidad humana es el principio guía del Estado, dado que se presenta en dos sentidos, por un lado, el individuo queda libre de ofensas y humillaciones –negativa–; mientras que, por el otro, le permite llevar a cabo el libre desarrollo de su propia personalidad y actuación –positiva[20].

Esto es, en strictu sensu, la dignidad únicamente pertenece a los individuos, en virtud de que se presenta en la persona como sujeto individual único e irrepetible, con una naturaleza racional y, especialmente, con imperativos morales absolutos e incondicionales[21].

En palabras de Kant, la dignidad constituye un valor para el que no se puede ofrecer ningún equivalente, esto es, la dignidad posee un carácter absoluto porque no permite la negociación, La dignidad de la persona supera cualquier cosa que tenga un precio, y es el valor irremplazable de un ser con el que nunca se puede negociar[22].

Añade Kant “la dignidad es el atributo de un ser racional que no obedece a ninguna otra ley que la que él mismo se da”[23]. Por lo tanto, “la autonomía es el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana o de toda naturaleza racional”[24], de ahí que el hombre tenga dignidad, no precio. Bajo tal perspectiva se entiende su Teoría del Imperativo Categórico como regla moral de actuación, pues indica al ser humano: “obra de tal modo que te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y no como un medio[25].

Por ello, la naturaleza humana y la persona humana son realidades complementarias, donde todos los hombres somos iguales. Partiendo de la idea de persona, ésta se puede concebir como un ser libre en su comportamiento y en su capacidad de elección de los fines y metas que se proponga; un ser que dispone de  conocimiento, especialmente en el campo de los valores y que actúa y decide en función de convicciones íntimas que no afectan las prerrogativas y libertades de otras personas, en tanto sujeto de derechos y obligaciones.

 

a) Valores Básicos Superiores de la Dignidad.

Al convertirse la dignidad en un valor fundamental, no sólo para el individuo sino también para la sociedad, los juristas la han consideran como el pilar principal de toda convivencia gregaria, siendo en el ámbito de la doctrina donde se puede comprender lo que significa ser persona, portadora de dignidad.

            Ello en virtud de que la dignidad humana “[…] constituye una expresión del máximo respeto y valor que debe otorgarse al ser humano en virtud de su condición humana”[26]. 

Por tal motivo, la dignidad humana se erige como principio de los valores de autonomía, de seguridad, de igualdad y de libertad. Valores que fundamentan los distintos tipos de derechos humanos. De ahí que “[…] la dignidad humana sea el fundamento y la razón de la necesidad de esos valores superiores, es la raíz última de todo  [...] su inclusión entre los valores superiores no es metodológicamente correcta, puesto que éstos son los caminos para ser real y efectiva la dignidad humana”[27].

En consecuencia, la dignidad se convierte en el atributo “de un ser racional que no obedece a ninguna otra ley que la que él mismo se da”, como afirma Kant. Por lo tanto, la autonomía sirve como fundamento de la dignidad de la naturaleza humana o de toda naturaleza racional. Así, “cuando algo tiene precio, en un lugar puede colocarse algo diferente como equivalente; en cambio, aquello que está por encima de todo precio y, por tanto, no tiene ningún equivalente, posee dignidad”, y la “persona no puede ser tratada como un medio sino que tiene que ser en todo momento utilizada al mismo tiempo como fin; en ello consiste la dignidad”[28].

Por lo que la idea de la dignidad humana, o valor atribuido a cada persona humana, no puede ser sustituida por ninguna otra. Sin embargo, sus limitaciones pueden verse en los propios valores básicos que la erigen, como lo son la autonomía, la seguridad, la libertad o, inclusive, igualdad.

En este contexto, la dignidad humana se constituye como el sustrato y el punto de partida de todos los derechos humanos que se diferencian a partir de ella, y a la vez actúa como un punto de vista que da perspectiva a los diferentes derechos humanos lo que permite entenderlos e interpretarlos[29].

Partiendo de la esencia del hombre, considerándola como “aquello por lo que una cosa es lo que es”[30], esto es, lo que determina al ser de una manera y no de otra, en lo que respecta al hombre, su esencia es lo que determina su modo de ser. De ella se deriva una serie de propiedades fundamentales que tienen los entes que son participes de una misma esencia[31]. Las personas entienden porque tienen una naturaleza racional, pero, además de que poseen raciocinio, también cuentan con un espíritu, el cual les ayudará a ser dueños de sus actos, conscientes de sí y con una finalidad que será trascendente en el tiempo[32].

Cada individuo de la especie humana es persona, es decir, un sujeto único dueño de sí mismo, de sus actos, consciente de sí y con una finalidad que constantemente busca y trata de cumplir. Siendo esto alcanzar el logro de su felicidad anhelada.

            Esto es, al ser la persona dueña de sus actos, se percibe la existencia de valores en ella misma, puesto que no surgen del espacio, ni se dan de los propios sentidos, sino que simplemente captamos y develamos a partir de la dimensión espiritual con la que cuenta cada uno de los hombres. Los valores no se pueden tocar, ni oler, ni mucho menos ver, pues son como una sustancia inmaterial, siendo ésta una limitación que impone la naturaleza a la persona respecto a los valores, pero lo que no impide de modo alguno es que se reconozca en su existencia objetiva (en sí) a estos valores morales[33]. Siendo los valores parte del ser ideal del hombre, tienen una existencia objetiva que los excluye de la conciencia que los capta. Por ello, solamente existen y están allí, y el hombre penetra en ellos a partir de su dimensión espiritual. Pues éstos serán los que lo obliguen adecuar su conducta a ellos, y lo llevarán a la permanente búsqueda de su perfección[34].

             Bajo esta perspectiva, el humanismo[35] fundamenta el valor de la persona humana en dos cuestiones; primero, la persona es un individuo; y, segundo, la persona tiene una dimensión moral. En la primera encontramos cómo la individualidad del hombre es lo que determina que cada uno de nosotros sea único e irrepetible. Pues esto es lo que le da valor a cada ser humano, siendo ese un valor único, incalculable e inaccesible.

            El valor moral que le da el humanismo al individuo, es por el hecho de que cada hombre vive bajo su propia responsabilidad moral[36]. Así, cada uno de nosotros está frente a los valores y la responsabilidad de hacerlos cumplir dependerá de nosotros mismos, puesto que nadie los puede realizar por nosotros, ni mucho menos cumplirlos bajo nuestra responsabilidad.

            La dignidad del hombre es, entonces, originalmente un valor moral y toda persona está capacitada para su autorrealización. Es por ello que el Estado está obligado a protegerla en el marco de sus posibilidades[37].

            Al ser los valores morales captados por el hombre a partir de su dimensión espiritual, lo obliga, le exige, adecuar su conducta a ellos, razón por la cual el ser humano constantemente debe estar en busca de su perfección.

            Así, la dignidad de la persona constituye un “prius” respecto de todo ordenamiento jurídico-positivo, por lo que los derechos que le son inherentes constituyen el fundamento de toda comunidad humana. De donde se establece que el hombre no existe para el Estado, sino que el Estado es el que existe para el hombre[38]. 

 

4. El Ámbito Constitucional de la Dignidad Humana.

La vida en sociedad exige su regulación por parte de las normas que se han creado para ello. Las normas deben ser aplicadas de manera igualitaria para todos sus miembros. Por ello, la igualdad constitucional es definida como “igualdad ante la ley”[39].

            Afirmación respecto a la cual no existe duda, ya que se ha analizado la importancia que implica ser portador de una dignidad, misma que debe serle reconocida de manera igualitaria a todos los individuos como sujetos partícipes de la misma y que cuentan con derechos y obligaciones al interior del  Estado.

Si bien es cierto que la dignidad es un concepto universal, que debe ser considerado en todo ordenamiento jurídico interno, serán los Estados quienes se encarguen de protegerla e incluirla dentro de su normativa, a fin de hacerla efectiva. Para lo cual resulta indudable que la ley constitucional es la sede más adecuada para ello[40].

En la actualidad existe un gran número de normativas fundamentales que han incorporado el concepto de dignidad humana a sus Constituciones. Ejemplo de lo anterior lo es la Constitución griega[41], misma que en su Título denominado “Dignidad Humana”, señala: “El respeto y la protección de la dignidad humana constituye la obligación primaria del Estado”[42].

Cabe destacar, que al ser la dignidad un parte importante de los individuos, será el Estado quien la tendrá que garantizar para que pueda ser concretada, para que el propio individuo pueda actuar y realizarse conforme a su dignidad. 

La propia Ley Fundamental griega establece: “La soberanía popular es la base de la forma de gobierno”[43]; en tal virtud, al considerar que la dignidad humana es parte de la forma de gobierno, en Grecia se pone de manifiesto que la base fundamental para dicho Estado es la persona, y que aunado a ello, el Estado la considera como un elemento que forma parte esencial de la consolidación de su ordenamiento jurídico.

De igual manera, la Constitución de la República Portuguesa[44] contiene un apartado que hace alusión a la dignidad, el cual señala: “Portugal es una República soberana, basada en la dignidad de la persona”[45], con lo que se pone de manifiesto que este país busca garantizar los derechos fundamentales de cada ciudadano a través de la protección de su dignidad, para que de esta forma la Comunidad pueda desarrollarse.

La Constitución Federal de la Confederación Suiza[46] contiene un artículo que lleva por título “Dignidad Humana”, donde se enuncia: “La dignité humaine doit être respetée et protegée”[47]. 

Dicha disposición garantiza el respeto y la protección de la dignidad, lo que le da facultad a cada individuo de poder desarrollarse y actuar en la sociedad sin temor a que se vea violentada su dignidad. Incluye, además, dentro del Capítulo Segundo –Droits Fondamentaux, Citoyenneté et Buts Sociaux– los derechos fundamentales que van a complementar a la dignidad, por lo que todo individuo gozará de derechos que le permiten actuar libremente.

Así mismo, cabe hacer mención especial a las Constituciones de Alemania y España, mismas que han elaborado un entramado normativo que pone a la dignidad humana como piedra angular de sus respectivas constituciones.

Por lo que respecta a la Constitución española[48], la primera manifestación que realiza al iniciar su articulado se encuentra en su Preámbulo, puesto que se “[...] proclama la voluntad de: garantizar la convivencia democrática de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo y dentro del Estado de Derecho, proteger a los españoles en el ejercicio de los derechos humanos sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones de los hombres [...] promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida[49].

La Constitución ibérica comprende cinco capítulos en los que se incorporan cuarenta y cinco artículos. El Título I –“De los Derechos y Deberes Fundamentales”– está integrado y tiene por objeto regular los derechos y deberes fundamentales. En principio, se declara, en el Artículo 10.1, que “[…] la dignidad de la persona, los derechos que le son inherentes, el desarrollo libre de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás, son las bases del orden político y de la paz social, calidades y derechos que deberán interpretarse conforme a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y acuerdos internacionales suscritos por España”[50]. Cabe precisar que la Constitución española considera, como parte de su ordenamiento, los documentos convencionales internacionales, mismos que refuerzan las garantías que se le otorgan a sus habitantes.

La lectura detenida del Artículo 10.1. deja en claro que la dignidad de la persona es el principio donde se ponen de manifiesto los derechos inviolables del ser humano, fundamentados, precisamente, en su dignidad. En consecuencia, el respeto a los derechos de los demás no es sino la resultante obligada de la afirmación primigenia, esto es, la dignidad es el patrimonio común de todos y cada uno de los seres humanos, sin excepción alguna[51].

Por lo que también cabe señalar que a la hora de definir los fundamentos del orden político y la paz social, destaca, primeramente y como elemento principal, el respeto a los derechos de los demás. En tal virtud, dicho ordenamiento ha propugnado siempre el respeto a la dignidad de todos y cada de los hombres y mujeres.

En el Artículo 15 se consagran otros derechos que sirven de complemento a la dignidad, estos son el derecho a la vida y a la integridad física y moral; el derecho a la libertad y la seguridad[52]; el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar[53]. Lo cual implica que el Estado español busca brindar protección a la dignidad del ser humano, no sólo en el ámbito individual, sino también en lo social, y para que esto pueda ser posible, considera necesario el respecto recíproco entre los individuos de la sociedad. Ahora bien, dicho documento no limita la dignidad, pues sólo se dedica a brindarle protección y un amplio desarrollo, siendo ésta materializable a través de las libertades que le brinda al individuo el Estado.

 En este contexto, la libertad, como derecho inherente a cada individuo, permite desarrollar la personalidad, siendo esto lo que lo hacer ser digno, tal como lo prevé la Grundgesetz alemana. Es la libertad el valor más preciado que tiene cada ser humano.

Cabe destacar, que ha sido la Ley Fundamental de Bonn[54]Grundgesetz o GG– la primera Constitución Europea que ha colocado, a la cabeza del texto constitucional el concepto de dignidad[55]. El Artículo 1º, como dispositivo de apertura constitucional, expresa un rasgo esencial del nuevo ordenamiento democrático y del Estado de Derecho que viene a constituir una reacción a las violaciones de los Derechos Humanos por el régimen nacionalsocialista[56].

            La Ley Fundamental de Bonn es enfática “[…] la dignidad del hombre es intangible y constituye un deber de todas las autoridades del Estado su respeto y protección”[57]. Así también, en el apartado segundo del Artículo 1º,  se añade que “[…] conforme a ello, el pueblo alemán reconoce los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo”.

En dicha normativa, la dignidad de la persona ha sido elevada a una categoría especial, esto es, de ella se desprenden el resto de los derechos que le corresponde a cada persona, motivo por el cual su inviolabilidad está garantizada.

La dignidad del hombre ya no es sólo una declaración ética, sino que se acepta como un valor jurídico, es decir, una norma jurídico-positiva[58]. Dicha aceptación se ve reforzada por lo mencionado en el artículo 79.3[59] de dicha Ley, que cierra toda posibilidad de reforma constitucional y protege la dignidad de la persona, salvaguardando la esfera más personal de cada individuo, entendida aquella como el derecho originario de todo ser humano.

            Considerando lo anterior, en el Artículo 1.1. de la Grundgesetz, se nos muestra a la persona de una manera estática, es decir, tal cual es; mientras el Artículo 2.1. G.G, menciona la manera en cómo se concibe a la persona, es decir, tal como actúa. Con lo cual se aprecia que el Artículo 2.1. G.G[60] tiene una idea esencial del Artículo 1.1. GG como motivo y núcleo: la garantía del libre desarrollo de la personalidad, responde en última instancia a la dignidad de la persona, con lo cual se aprecia que el Artículo 2.1. GG no permite que se vea afectada la libertad personal.

            Por ello, la Ley Fundamental no muestra a la dignidad humana como una obligación del Estado frente a una necesidad material, pues lo que intenta proteger es la garantía de la dignidad de aquellas agresiones que pueda sufrir el ser humano, como pueden ser humillaciones, estigmatizaciones, persecuciones, etc.

            En tal virtud, es una obligación del Estado respetar la dignidad de la persona, pues lejos de ser arbitrariamente tratado el individuo, busca que le sea garantizada su existencia material, lo que lo hace ser persona, así, el ejercicio de su libre voluntad le va a permitir autodeterminarse.

El Estado está obligado ha respetar la dignidad del ser humano cuando la persona esté actuando, y al realizarse en la medida de sus posibilidades, y no deberá emitir juicio alguno de valor concluyente y negativo sobre el individuo.

            Claramente se puede notar cómo la Ley Fundamental, en su Artículo 1.1. es precisa al decir que lo más importante para el Estado es el respeto de la dignidad de cada persona; de igual manera, es también responsabilidad de cada persona que entienda su dignidad: para poder otorgar a la persona una protección adecuada de su dignidad, ésta va depender de la capacidad abstracta y potencial del ser humano para realizarse como tal[61].

Con base en el Artículo 1.1. la Grundgesetz considera digna a toda persona, al margen de su grado moral de desarrollo, por lo que el Estado tiene la obligación de proteger la dignidad de la persona, como también es responsabilidad de la persona mantenerla dentro del grado moral que posee. Al menos idealmente, toda persona está capacitada para una autorrealización moral.

De lo anteriormente se concluye que el ordenamiento constitucional germano tiene como prioridad el respeto de la dignidad de la persona.

Asimismo, debe recordarse que cuando el hombre es partícipe de una sociedad, se encuentra sometido a constantes agresiones en su personalidad, y así como él es libre de actuar y decidir debe buscar la manera de ejercer su libertad y no abusar de ella. La Ley Fundamental, en su Artículo 2.1 reconoce que cada persona es libre para actuar de manera autónoma, es decir, puede hacer lo que mejor le convenga siempre y cuando vaya de acuerdo a su naturaleza racional y no afecte a terceros.

En conclusión, en Alemania la dignidad es un valor moral de la persona, y ha sido elevado a la categoría de derecho fundamental.

 

5. México y la Dignidad Humana.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos[62], promulgada en 1917, inicia una nueva etapa en la historia del constitucionalismo en México.

            A pesar de los innegables avances que el Constituye de Querétaro imprimió al vigente texto constitucional mexicano[63], la dignidad, como concepto de naturaleza fundamental, no fue incorporada sino hasta las reformas realizadas en el 2001.

Sin embargo, de la lectura del texto normativo supremo, se pone de  manifiesto que el concepto de dignidad empleado por el Constituyente Permanente no es preciso, ni se determina su alcance con exactitud o la extensión que debe tener. La Constitución únicamente se limita a mencionarlo y considerarlo como aquel derecho contra el cual no cabe ataque alguno en el sentido discriminatorio. Es decir, se vincula el concepto de dignidad humana al concepto de discriminación.

La redacción de la nueva disposición de rango constitucional expresa: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las capacidades diferentes, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de la persona”[64].

Resulta plausible la reforma en el sentido de que el Constituyente Permanente, al incorporar en su ordenamiento jurídico la no-discriminación –por las razones expuestas con antelación– y el vocablo dignidad en el párrafo tercero del Artículo 1, ha optado por considerar a la dignidad de la persona como un valor que le es inherente a todo individuo, mismo que debe quedar garantizada por el ordenamiento jurídico de toda sociedad.

Ahora bien, el Artículo 2, fracción II, hace lo propio al afirmar, como principio general, el respeto a la dignidad humana en el contexto de los derechos de la mujer indígena. Así, se dispone que la Ley Fundamental mexicana “[…] reconoce y garantiza el derecho de los pueblos y las comunidades indígenas a la libre determinación y, en consecuencia a la autonomía para: […] II. Aplicar sus propios sistemas normativos […] sujetándose a los principios generales de esta Constitución, respetando […] la dignidad e integridad de las mujeres […]”[65]. Mientras que el Artículo 4, en su párrafo séptimo, indica “[...] El Estado proveerá lo necesario para propiciar el respeto de la dignidad de la niñez y el ejercicio pleno de sus derechos”.

Incluso, el derecho a la educación también se tamiza por el concepto de dignidad. De esa forma, el Constituyente, en el Artículo 3, fracción II, c), establece que la educación impartida por el Estado “[…] Contribuirá a la mejor convivencia humana, tanto por los elementos que aporte a fin de robustecer en el educando, junto con el aprecio para la dignidad de la persona y la integridad de la familia, la convicción del interés general de la sociedad […]”[66].

Finalmente, no puede soslayarse que el concepto de dignidad humana se vincula, también, a las disposiciones constitucionales en materia de la rectoría del desarrollo nacional a cargo del Estado, pues el Artículo 25 especifica que el desarrollo nacional “[…] mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza, permita el pleno ejercicio de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales […]”[67].

No obstante las anteriores menciones, es preciso subrayar que, en mi opinión, la noción de dignidad se encuentra difuminada en el texto constitucional, pues en primer lugar se le vincula a la no discriminación –en sentido general, y luego con referencia específica a la mujer indígena– en segundo, se le ubica como objetivo del sistema educativo estatal; y, en tercer lugar, se le ubica como objetivo a cumplir del desarrollo económico nacional[68]. Lo anterior no hace de la dignidad humana la “piedra angular” de todo el ordenamiento jurídico mexicano, como sí lo hacen las Constituciones española y alemana, mismas que, a diferencia de la mexicana, señalan, en sus normas constitucionales de apertura, que la dignidad de la persona es un derecho intangible e inviolable que debe ser protegido por el Estado. Así mismo, indican que la dignidad, como un valor principal, constituye el fundamento del orden político y de la paz social.

Veremos a continuación la incidencia del concepto dignidad en los textos normativos internacionales

 

 

6. Los Documentos Convencionales Internacionales

            La dignidad humana es un valor distintivo de la especie humana, de donde dimanan otros valores y derechos fundamentales, tanto para el individuo como para la colectividad. En tal virtud, todo ser humano debe ser respetado y protegido en su dignidad y no se debe atentar contra ella[69].

Bajo esta perspectiva, la dignidad humana ha sido incluida no sólo en sede normativa interna, sino también en varios documentos jurídicos convencionales[70], pues la Comunidad Internacional también ha hecho manifiesta su preocupación por incluir a la dignidad como valor inserto en el ordenamiento jurídico internacional. Así, la dignidad deviene de ser un mero valor –o principio, en el mejor de los casos– a precepto de naturaleza vinculante[71].

            Cabe destacar que cada Estado, para adoptar un tratado en su ordenamiento interno, debe regular dicho procedimiento en su ordenamiento nacional. Así, en el caso de la Constitución Mexicana, se especifica por el Artículo 133, mismo que determina “[...] todos los tratados que estén de acuerdo con la misma, celebrados y que se celebren por el Presidente de la República con aprobación del Senado serán Ley Suprema de toda la Unión [...]”[72].

            Por lo cual, se debe tener presente que al momento que un Estado forma parte de un tratado, debe respetarlo y hacerlo cumplir ad intra de su colectividad[73].

A continuación, se examinarán los instrumentos internacionales que han incluido en su texto el concepto de dignidad humana.       

 

6.1. La Carta de las Naciones Unidas.

            La idea de crear un organismo internacional universal surge durante la Segunda Guerra Mundial. Los líderes mundiales se reunieron en San Francisco con la intención de poner fin a la guerra que prevalecía en aquellos tiempos, y consideraron que era momento de crear un mecanismo que fomentando el dialogo intergubernamental previniera conflictos bélicos para que pudiera prevalecer la paz y la seguridad en el mundo[74].

            Así, la Carta de las Naciones Unidas[75], en su Preámbulo, enuncia “[…] la fe de los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos del hombres y mujeres”[76]. Por lo que la inclusión del concepto de dignidad humana en la Carta constituyó una feliz y trascendente innovación en el Derecho Internacional positivo. Para lo cual, en el futuro, la noción de la dignidad, aunque incluida en el Preámbulo de la Carta, sin efecto jurídico vinculante, ha incidido en la interpretación y el sentido de numerosos instrumentos internacionales[77].

El Artículo 1º declara, como propósito de la cooperación internacional, “el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos”. Su Artículo 55-c dispone: ”[...] la organización promoverá el respeto universal de los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos”. Y en su artículo 62-2 se señala, como función del Consejo Económico y Social, la de “hacer recomendaciones con el objeto de promover el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, y a la efectividad de tales derechos y libertades”.

            Durante los primeros años de vigencia de la Carta de Naciones Unidas se hizo evidente una seria deficiencia en su texto, ya que no contenía disposiciones específicas de derechos humanos –aún y cuando en su Preámbulo hacia referencia a los mismos–, pues el problema que se mantenía era si realmente dicha documento convencional imponía obligaciones jurídicas de comportamiento a los Estados miembros en materia de derechos humanos[78].

             Una vez que se llegó a la conclusión de que dicha Carta no contenía una enumeración, menos aún, una definición de derechos humanos y libertades fundamentales, fue necesaria la creación de un órgano[79] encargado de regular los vacíos que contenía la Carta de las Naciones Unidas. Tal ente fue la Comisión de Derechos Humanos, misma que se dio a la tarea de redactar un texto de alcance mundial que contuviera un catálogo de Derechos Humanos, de esa forma, nació la Declaración Universal de los Derechos Humanos.    

 

6.2. La Declaración Universal de los Derechos Humanos.

            En 1946 se crea la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, encomendándosele la redacción de una Carta Internacional de Derechos. En 1948, la Asamblea General adopta lo que sería la Declaración Universal de los Derechos Humanos[80], misma que se convirtió en un documento de interés internacional, puesto que varios Estados comenzaron a “adherirse” a ella[81].

             La Declaración se funda en la consideración ética de que el Estado, la sociedad y los particulares están obligados a respetar a los demás como personas.

De esta forma, la dignidad humana se eleva a mandato ético-jurídico del cual se derivan distintos valores, los cuales serían tutelados por los Derechos Humanos. Por lo que la primera enunciación a la dignidad se estipula en su Preámbulo, señalando que “[…] la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen como base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales  e inalienables […]”.

 Para lo cual, la Declaración clasifica los valores en individuales y colectivos, es decir, considera al ser humano en su dimensión particular y como miembro integrante de un grupo social. Siendo los valores jurídicos relativos a la igualdad, la libertad, y la seguridad jurídica, los que se encuentran expresados bajo la forma de Derechos Humanos.

            Los derechos protegidos por la Declaración son, entre otros, el reconocimiento de la igualdad en dignidad, pues se afirma que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, dotados como están de razón y conciencia, deben comportase fraternalmente los unos y los otros”[82].

            La lectura del artículo anterior clarifica que la dignidad y la sana convivencia son la base fundamental para que pueda existir una sociedad en armonía, y se pueda lograr el pleno respeto de la persona. Así, de la dignidad humana se desprenden otros valores inherentes al individuo.     

              Esto es así puesto que la Comunidad Internacional ha reconocido que los derechos económicos, sociales y culturales están íntimamente relacionados con las prerrogativas civiles y políticas. En tal virtud, en 1951, la Asamblea General de la ONU, acordó que el sistema para llevarlos a la práctica tenía que ser distinto, y que los derechos económicos, sociales y culturales debían conseguirse progresivamente, mientras que los civiles y políticos debían asegurarse inmediatamente. Por tal motivo, la propia Asamblea General, órgano plenario de las Naciones Unidas, decidió redactar dos instrumentos convencionales que serían adoptados conjuntamente el 16 de diciembre de 1966, y que se abrirían para su firma por parte de los Estados en la misma fecha.

            Las negociaciones de ambos tratados se prolongaron durante quince años esencialmente debido a la falta de consenso. Finalmente, mediante una Resolución de la Asamblea General de la Naciones Unidas[83], se adoptan tanto el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Ello significó un notable avance, en particular para aquellos derechos que incorporaron las necesidades mínimas del ser humano en el aspecto económico, social y cultural, las cuales traducen exigencias éticas derivadas de la vida de la persona en sociedad[84].

 

6.3. El Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos.

El Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos[85] incorpora más prerrogativas que las reconocidas por la propia Declaración Universal de 1948. Entre otras, garantiza prerrogativas individuales que no se mencionan expresamente en aquella, como la libertad de no ser encarcelado por deudas, el derecho de todas las personas privadas de su libertad a recibir un trato humanitario y con respeto a su dignidad como derecho inherente a la persona humana.

            La protección específica de la dignidad se consagra expressis verbis en el artículo 10º,  que a la letra dice: “Toda persona privada de su libertad será tratada humanamente y con respeto a la dignidad  inherente al ser humano”[86].

            Otros derechos previstos son el derecho la vida, (artículo 6º); así como el reconocimiento a su personalidad jurídica (artículo 16º); la protección para que no sea objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada (artículo17º); y, la igualdad de todas las personas ante la ley (artículo 26º). Todos ellos derivados de la dignidad personal.

Queda clara, pues, la mención que se hace a la dignidad del ser humano y la protección que debe tener por parte de los Estados parte del tratado, no importando la situación en que se encuentre cada individuo.

 

6.4. El Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

            Este documento[87] contiene una serie más amplia y específica de derechos que la Declaración Universal, tales como la obligación de los Estados de proporcionar a sus habitantes un nivel de vida adecuado y el derecho de gozar de los más altos niveles posibles de salud física y mental.

            Ya en el Preámbulo se enuncia: “[...] la paz en el mundo tiene por base el reconocimiento de la dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana […]”[88].

El Pacto tiene la particularidad de no obligar a los Estados parte a concretar de inmediato los derechos consignados (a diferencia de lo que prescribe el Pacto de los Derechos Civiles y  Políticos); sólo se dispone que los Estados deberán tomar las medidas necesarias en la máxima capacidad de sus recursos disponibles para alcanzar progresivamente la completa realización de esos derechos.

            Siendo un documento que fundamentalmente busca garantizar la calidad de vida en una sociedad, y uno de los medios en el que se basa la dignidad es el trabajo, no sólo se humaniza la naturaleza, sino que el hombre se humaniza a sí mismo, es decir, desarrolla y eleva sus potencialidades creativas. El trabajo es fuente del desarrollo del hombre, mismo que preserva y despliega a la humanidad, debiendo ser reconocido y garantizado en condiciones de igualdad y con respeto a la dignidad del trabajador.

 

7. Consideraciones Finales.         

            La dignidad humana es un valor fundamental e inalterable, aún y cuando puede ser interpretado por la persona de manera diversa, su fundamento radica en que todo ser con capacidad para razonar y decidir se hace acreedor a ella, es decir, a todo ser humano le corresponde.

            Esto es, la dignidad se encuentra presente en los seres racionales, misma que se constituye como un fin en sí mismo, y nunca como un medio que permita satisfacer bienes ajenos.

Aunado a ello, la dignidad humana, nos conmina a juzgar y tratar a nuestros semejantes por lo que hacen (acciones voluntarias) y no por lo que son ( por propiedades y circunstancias accidentales tales como el sexo, la raza, etc.), de ahí que la dignidad esté basada en nuestra condición de seres libres, escultores de nosotros mismos, capaces de tener lo que deseamos y ser lo que queremos[89].  

            Si bien, bajo la perspectiva jurídica aún no se ha llegado a un concepto preciso sobre la dignidad, dada su relevancia, se le ha incorporado a los ordenamientos constitucionales y documentos convencionales, puesto que de ella, según el consenso mayoritario, se desprenden los principales derechos fundamentales.

            Finalmente, la dignidad, como esencia de la existencia humana, hace posible la realización de la persona en todos sus aspectos. Fin último del hombre es buscar los medios más eficaces y adecuados para lograr su realización material.

 

 

 

 

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* Maestro en Derecho (Derechos Fundamentales) por la Universidad Carlos III de Madrid, España, Licenciado en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Profesor Interino de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana, Profesor de la Universidad Latina de América, Coordinador Administrativo del Instituto de la Judicatura del Poder Judicial del Estado de Michoacán. Se agradecen las observaciones y aportaciones formuladas por el M. en D. Emmanuel Roa Ortiz.   

[1] La sociabilidad humana justifica el sometimiento del hombre a ciertas normas de conducta. Cualquier tipo de organización social, para lograr determinados fines y satisfacer ciertas necesidades, precisa de normas para su funcionamiento. Así, el Estado, como forma de organización social, soberana y autárquica –ubi societas ibi ius, necesita de normas jurídicas que regulen la conducta, el comportamiento y la interacción de los integrantes del colectivo. 

[2] Aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948, en París.

[3] Aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de Diciembre de 1966.

[4] En este contexto, la dignidad constantemente se relacionaba con un origen divino, esto es, como imagen y semejanza con Dios, cuyo fundamento se establece en la superioridad del hombre sobre los animales y la propia naturaleza; tiempo más tarde, la dignidad se vinculó con la naturaleza del hombre atendiendo a sus capacidades humanas, tales como sus rasgos físicos y psicológicos, así como su capacidad de razonamiento y decisión. Por lo que en la literatura del Cristianismo, básicamente, en el Antiguo Testamento, se han hecho referencias atinentes al hombre, mientras que en el Génesis y los Salmos, se estableció una conexión entre religión y la idea de la dignidad, en donde se puede leer el siguiente enunciado: “El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios” (Gen, 1:26). En tal virtud, se hace referencia a que la dignidad superior y suprema pertenece precisamente, a ese ser que es de una perfección infinita y pura que es Dios como el único ser absolutamente perfecto y superior. Al respecto, puede verse García González, Aristeo, “El Derecho a la Intimidad desde una Perspectiva Constitucional: Equilibrio, Alcances, Límites y Mecanismos de Protección”, Director: M. en D. Emmanuel Roa Ortiz, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Tesis, México, 2005, pp. 5 y ss.; así como Seifert, Josef, “Dignidad Humana: Dimensiones y Fuentes de la Persona Humana, en III Simposio internacional Fe Cristiana y Cultura Contemporánea, Pamplona, 22 y 23 de Octubre de 2001.

[5] El tránsito de la modernidad, es entendido como la cristalización de una serie de rasgos que sirven para caracterizar el mundo moderno. En palabras de Peces-Barba, los rasgos de la sociedad en el tránsito a la modernidad se van a constituir principalmente, en primer lugar, por un sistema económico y el protagonismo de la burguesía; con la aparición del Estado, por un cambio de mentalidad impulsada por el humanismo y la reforma, así como por la secularización, el naturalismo, el racionalismo y el individualismo. Cfr. Peces-Barba Martínez, Gregorio, Curso de Derechos Fundamentales. Teoría General, Madrid, Universidad Carlos III de Madrid-Boletín Oficial del Estado, 1999, pp. 115-138.

[6] Entre otros, vid. Hernández, Héctor, Valor y Derecho, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 1997, p. 75; Bidart Campos, Germán J., Teoría General de los Derechos Humanos, 2ª edición, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1993, p. 72; y, Ferrer Mcgregor, Eduardo, Derecho Procesal Constitucional, 2ª Edición, México, Porrúa, 2001, p. 724, así como Salmos, 8:1.

[7] Por ejemplo, autores como Benda, Ernesto, “Dignidad Humana y Derechos de la Personalidad”, en Benda, Ernesto et al, Manual de Derecho Constitucional, 2ª edición, Madrid, Marcial Pons,  2001, pp. 117-118, 120-121, 123, 126; y, Fleiner, Thomas, Derechos Humanos, Bogotá, Temis, 1999, p. 1; así como Fernández García, Eusebio, Dignidad Humana y Ciudadanía Cosmopolita, Madrid, Instituto de Derechos Humanos “Bartolomé de las Casas” - Dykinson, 2003.                                 

[8] Vid. Paolinelli, Jorge et al, El Hombre y el Derecho, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 1998, pp. 156, 184; García Ramírez, Sergio, Los Valores en el Derecho Mexicano, México, Fondo de Cultura Económica, 1997, pp. 236-237; Adame Goddard, Jorge, Naturaleza, Persona y Derechos Humanos, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1996. pp. 149-150, 152 y 154; y, Recaséns Siches, Luis, Filosofía del Derecho, 14ª Edición, México, Porrúa, 1999, pp. 548, 559-560. También puede consultarse a Peces-Barba Martínez, Gregorio, La Dignidad de la Persona desde la Filosofía del Derecho, 2ª Edición, Madrid, Instituto de Derechos Humanos “Bartolomé de las Casas”, Dykinson, 2003.                  

[9] Cfr. Pérez Royo, Javier, Curso de Derecho Constitucional, 18ª edición, Madrid, Marcial Pons, 2002, p. 300.

[10] Consúltese la página web  http://www.rae.es [Accesada el 30 de Mayo de 2007].

[11] Vid. Williams, Thomas, Fundamentos de los Derechos del Hombre y el Principio Rector del Bien Común, en la página web  http://www.catolicos.com/socialdoc12.htm [Accesada el 2 de Junio de 2007]. 

[12] Siendo el sujeto especialmente complejo por la diversidad de sus componentes genéticos, biológicos y culturales, y al tener la capacidad de actuar racional e irracionalmente, dispone de un imperativo que lo impulsa a trascender en la naturaleza de la que forma parte. A diferencia de los miembros de otras especies que se caracterizan por ser estáticas y plenas en su existencia, el hombre es la unidad natural dinámica e inacabada que se hace y rehace cotidianamente y determina su ser al trascender a través de sus semejantes. Vid. Sánchez Bringas, Enrique, Derecho Constitucional, 4ª edición, México, Porrúa, 1999, p. 2.  

[13] Para ello, es preciso establecer el ámbito –religioso, filosófico, ético, político, etc.– en el cual  sería empleado dicho término.

[14] Vid. González Pérez, Jesús., La Dignidad de la Persona, Madrid, Civitas, 1986, p. 19.

[15] Ibidem, p. 20.

[16] Vid. la página web www.rae.es [Accesada el 30 de Mayo de 2007].

[17] Vid.  González Pérez, Jesús, op. cit., p. 81.

[18] La dignidad humana ya no vista como una parte de la ética pública, sino que más bien vista como vocación de convertirse en una “moralidad legalizada”. Cfr. Peces–Barba Martínez, Gregorio, La Dignidad de la persona desde la Filosofía del Derecho, op. cit., pp. 67-ss.

[19] Cfr. Peces-Barba Martínez, Gregorio, La Dignidad de la Persona desde la Filosofía del Derecho, op. cit., p. 16

[20] El desarrollo de su personalidad supone, de un lado, el reconocimiento de la total autodisponibilidad, sin interferencias o impedimentos externos, de las posibilidades de actuación propias de cada hombre; del otro, la autodeterminación que surge de la libre proyección histórica de la razón humana, antes que de una predeterminación dada por la naturaleza, al respecto vid Pérez Luño, Antonio Enrique, Derechos Humanos, Estado de Derecho y Constitución, 8ª Edición, Madrid, Tecnos, 2005, pp. 324-327. 

[21] Seifert, Josef, “Dignidad Humana: Dimensiones y Fuentes de la Persona Humana”, op cit., pp. 1-3.

[22] Idem.

[23] Vid. Kant, Emmanuel, Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres, en Mardomingo, José (Trad.), Ariel, Barcelona, pp. 25-ss.

[24] Idem.

[25] Idem.

[26] Vid. Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, Conclusiones de la Abogada General Sra. Christine Stix-Hackl en el asunto C-36/02, Omega/Oberbürgermeisterin der Bundesstadt Bonn, presentadas el 18 de marzo de 2004, Párrafo 75.

[27] Vid. Peces-Barba Martínez, Gregorio, Los Valores Superiores, Madrid, Tecnos, 1984, pp. 85-86. En el contexto normativo, la Constitución española denomina “valores superiores del ordenamiento jurídico” a la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político (Artículo. 1º).

[28] Vid. Hoerster, Norbert, En Defensa del Positivismo Jurídico, Gedisa, Barcelona, 2000, p. 91.

[29] Vid. Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, Conclusiones del Abogado General Christine Stix-Hackl en el asunto. C-36/02, Omega/Oberbürgermeisterin der Bundesstadt Bonn, presentadas el 18 de marzo de 2004, Párrafo 76.

[30]  Sobre la esencia con que cuenta la persona, vid. Adame Goddard, Jorge, op. cit., p. 30.

[31] Las operaciones de un ser son de una manera tal que corresponde a su naturaleza: los animales sienten, porque ellos tienen una naturaleza sensitiva.

[32] Ibidem, p. 108. 

[33] Paolinelli, Jorge, op. cit., p. 157.

[34] Ibidem, p.158.

[35] Ibidem, p. 183.

[36] Idem.

[37] Vid. Benda, Ernesto, “Dignidad Humana y Derechos de la Personalidad”, en Benda, Ernesto et al, Manual de Derecho Constitucional, op. cit., pp. 124-125.

[38] Vid. Fernández Segado, Francisco, “La Dignidad de la Persona Como Valor Supremo del Ordenamiento Jurídico”, en Derecho Puc, Número 50, Universidad Pontificia del Perú, Lima, Diciembre, 1996, p. 26.

[39] Por mencionar algunos casos: La Constitución española, en su Artículo 14, dice al respecto: “Los españoles son iguales ante la ley [...]”; en la Constitución italiana, se lee en su Artículo 3º: “Todos los ciudadanos tienen status social igual y son iguales ante la ley [...]”; lo mismo sucede en la Constitución del Japón, en su Artículo 14º, que a la letra dispone: “Toda la gente es igual bajo la Ley [...]”; así también, la Ley Fundamental de Bonn de la República de Alemania, menciona en su Artículo 3º: “Todos los hombres son iguales ante la ley”.

[40] En el siglo XVII, en diversos documentos constitucionales se establecieron determinados derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos ingleses, donde la dignidad comenzaba a cobrar fuerza, así con las declaraciones surgidas a finales del siglo XVIII de las revoluciones americana y francesa, se proclamaron con carácter de generalidad, y no sólo para sus nacionales, los derechos del hombre. Dichos textos son: La Declaración de los Derechos de Virginia (Bill of Rights) del 12 de junio de 1776 y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, misma que fue adoptada el 26 de agosto de 1789. A partir de entonces, la mayoría de las constituciones estatales enunciaron, en su parte dogmática, una serie de derechos humanos y libertades fundamentales, y en su parte orgánica incluyeron la parte procesal que establecían los medios para el control y respeto de tales derechos y libertades. Cfr. Pastor Ridruejo, José A., Curso de Derecho Internacional Público y Organizaciones Internacionales, 7ª edición, Tecnos, Madrid, 1999. p. 1999.    

[41] Adoptada el 11 de Junio de 1975.

[42] Vid. Artículo 2º. Las itálicas son mías.

[43] Vid. Artículo 1º.

[44] Adoptada el 2 de abril de 1976.

[45] Vid. Artículo 1º. Las itálicas son mías.

[46] Adoptada el 18 de abril de 1999.

[47] “La dignidad humana debe ser respetada y protegida”.

[48] Adoptada el 6 de Diciembre de 1978.

[49] Vid. Labastida, Horacio, Las Constituciones Españolas, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, p. 122. Las itálicas son mías.

[50] Las itálicas son propias.

[51] Vid. Fernández Segado, Francisco, “La Dignidad de la Persona Como Valor Supremo del Ordenamiento Jurídico”, op. cit., p. 18.

[52] Vid. Artículo 17º.

[53] Vid. Artículo 18º.

[54] Es un Ordenamiento comprendido con valores, que reconoce la protección de la libertad y de la dignidad como fin supremo de todo ordenamiento. Vid., Benda, Ernesto, “Dignidad Humana y Derechos de la Personalidad”, en Benda, Ernesto et al, Manual de Derecho Constitucional, op. cit., p. 118. Adoptada el 23 de Mayo de 1949. Es el tercer texto constitucional vigente en la historia de Alemania, después de los de 1871 y de 1919.

[55] Dicho ordenamiento considera que los derechos fundamentales deben crear y mantener las condiciones elementales para asegurar una vida en libertad y la dignidad humana. Puesto que ello se podrá conseguir cuando la libertad de la vida en sociedad resulte garantizada en igual medida que la libertad individual. Ambas se encuentran inseparablemente relacionadas: la libertad del individuo sólo se puede dar en una comunidad libre; y viceversa, pues esa libertad presupone seres humanos y ciudadanos con capacidad y voluntad para decidir por sí mismos sobre sus propios asuntos y para colaborar responsablemente en sus propios asuntos, o de igual manera en la sociedad, Cfr. Benda, Ernesto, “Dignidad Humana y Derechos de la Personalidad”, en Benda, Ernesto et al, Manual de Derecho Constitucional, op. cit., pp. 90-92.

[56] Ibidem, p. 87.

[57] Las Itálicas son mías.

[58] Benda, Ernesto, “Dignidad Humana y Derechos de la Personalidad”, en Benda, Ernesto et al, Manual de Derecho Constitucional, op. cit., p.120.

[59] “Ninguna reforma de la Ley Fundamental podrá afectar a la articulación de la federación en Länder, al concurso fundamental de los Länder a la legislación o a los principios proclamados en los artículos 1º y 20º.

[60] “Todos tiene derecho al libre despliegue de su personalidad, siempre que no vulnere los derechos de los demás ni atente contra el orden constitucional o la moral”.

[61] Cfr. Benda, Ernesto, “Dignidad Humana y Derechos de la Personalidad”, en Benda, Ernesto et al, Manual de Derecho Constitucional, op. cit., p. 125.

[62] Adoptada el 5 de Febrero de 1917.

[63] Piénsese, ad exemplum, en la dimensión social y agraria de la Carta de Querétaro.

[64] Artículo 1, Párrafo Tercero. La reforma fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 14 de Agosto de 2001. Las itálicas son mías

[65] El énfasis es propio.

[66] Las cursivas son mías.

[67] Las itálicas son propias.

[68] Respecto de este último aspecto en el que se emplea el concepto de dignidad humana, es preciso destacar que la disposición constitucional se hace de manera general, a manera de derecho prestacional y de realización condicionada al cumplimiento de ciertos supuestos. Mientras no se concreten –esto es, materialicen–, tales supuestos, la dignidad de “[…] individuos, grupos y clases sociales” no será más que mera declaración de buena voluntad. En tal virtud, la mención a la dignidad en dicho contexto no la asemeja ni la configura como derecho subjetivo, tal como se plantea en esta investigación con relación a la intimidad, como se verá más adelante.

[69] La humanidad ha sido constantemente privada del reconocimiento de su dignidad, así como pisoteados y violados los derechos que se derivan de ella. La violencia de cualquier tipo (física, técnica o social) que se ha cometido contra cada individuo, constituye una serie de conductas inhumanas, irracionales, anticulturales que atentan contra la dignidad humana, quedando su respeto y protección en papel, como letra muerta. El ejercicio, respeto y promoción de la dignidad humana, de la cual somos acreedores todos, sería posible con la convivencia en paz, la justicia social, la libertad, la igualdad, la seguridad, la intimidad, la diversidad cultural y la conservación de la naturaleza. Es por ello que todo ser humano, además, tiene la obligación ética de asumir la defensa de la dignidad de la persona y de igual manera velar y denunciar los atentados que se cometan contra la misma Vid. “Compromiso Universal por la Dignidad Humana”, II Congreso Mundial de Bioética, en la página web www.uexternado.edu.co/derechoyvida/ii_congreso_bioetica1.html [Accesada el 10 Mayo de 2007].

[70] Cabe señalar que la referencia a la dignidad humana no se encontraba en los antecedentes de proyectos de anteriores declaraciones,  tal como es el caso de la Declaración Internacional de los Derechos del Hombre, adoptada en 1929.

[71] En este contexto, hay que recordar que el tratado internacional ha sido definido por Reuter como “una manifestación de voluntades concordantes, imputables a dos o varios sujetos de derecho internacional y destinado a producir efectos jurídicos de acuerdo con las normas de derecho internacional”. Vid. González Campos, Julio D. et al, Curso de Derecho Internacional Público, 6ª Edición, Civitas, Madrid, 1998, p. 164, así como también la traducción española de la obra del propio P. Reuter, Introducción al Derecho de los Tratados, Traducida por L. Suárez, Eduardo, Revisada por Haggermacher, Peter, Fondo de cultura Económica, México, 1999, pp. 38-39 y 44-45. Por su parte, en el ámbito legal el concepto de tratado se ha consagrado en  el Artículo 2º, párrafo primero, apartado a), del Convenio de Viena de 1969 sobre Derecho de los Tratados Celebrados entre Estados, mismo que considera a este instrumento como el “acuerdo internacional celebrado por escrito entre Estado y regido por el derecho internacional, ya que conste de un instrumento único o en dos o más instrumentos conexos y cualquiera  que sea su denominación particular”. Al respecto vid Convenio de Viena de 1969. México lo ratificó el 25 de septiembre de 1974, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 14 de Febrero de 1975, entrando en vigor el 27 de enero de 1980.

[72] El Artículo 133 hace evidente que el Constituyente optó por un mecanismo a doble grado o nivel, siendo la “celebración” de los tratados internacionales facultad del Ejecutivo Federal (Artículo 89, fracción X), su ratificación –es decir, su “incorporación” al ordenamiento jurídico interno, su transformación– es facultad del Senado de la República (artículos 76, fracción I y 89, fracción X). Es por ello que el Estado Mexicano ha optado por la tesis dualista, obedeciendo a la exigencia de que tanto los tratados como las leyes estén conforme a lo dispuesto por la Ley Suprema. En tal virtud, la postura de la Suprema Corte de Justicia de la Nación había establecido, en varias tesis que los tratados internacionales tenían el mismo rango normativo que las leyes federales. Vid.  “Leyes Federales y Tratados Internacionales. Tienen la Misma Jerarquía Normativa”, Amparo en revisión 2069/1991, Manuel García Martínez, 30 de junio de 1992, Mayoría de quince votos, Ponente: Victoria Adato Green; Secretario Sergio Pallares y Lara, en Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Tomo 60, Diciembre de 1992, Tesis P C/92, p. 27: “Tratados Internacionales, el Artículo 133 Constitucional, Ultima Parte, No Establece su Observancia Preferente Sobre las Leyes del Congreso de la Unión Emanadas de la Constitución federal”, en Semanario Judicial de la Federación, Séptima Época, Vols. 151-156, Parte Sexta, p. 195. Dicha postura cambió radicalmente con la tesis P. LXXVII/99, derivada de la ejecutoriada del amparo en revisión 1475/98, promovido por el Sindicato Nacional  de Controladores del Tráfico Aéreo, resuelto el 11 de mayo de 1999. Puede consultarse la tesis en Gaceta del Semanario Judicial del la Federación, Tomo X, Noviembre de 1999, p. 46, así como en ABZ Información y Análisis Jurídicos, Número 125, noviembre del 2000, p. 4. Cfr. Roa Ortiz, Emmanuel, “Tratados Internacionales y control Previo de Constitucionalidad: Una Propuesta para Evitar que la Impartición de Justicia sea Motivo de Responsabilidad Internacional para el Estado Mexicano”, en Anuario ABZ, México, 2002, pp. 330-331.     

[73] Al respecto, el Convenio de Viena de 1969, en su artículo 29, expresa: “Un tratado será obligatorio para cada una de las partes por lo que respecta a la totalidad de su territorio, salvo que una intención diferente se desprenda de él o conste de otro modo”; mientras que su Artículo 30, dice: “1. […] los derechos y las obligaciones de los Estados partes en un tratado sucesivos concernientes a la misma materia se determinaran conforma a los párrafos siguientes; 2. cuando un tratado especifique que está subordinado a un tratado anterior o posterior o que no debe ser considerado incompatible con ese otro tratado, prevalecerán los dispuestos de este ultimo [...]”.Vid. Corriente Córdoba, José A., Derecho Internacional Público. Textos Fundamentales, Marcial Pons, Madrid, s/f, p. 19.

[74] Del 25 de abril al 26 de junio de 1945 los representantes de 50 naciones participaron en la Conferencia de San Francisco, con la intención de elabora lo que sería la futura Carta de las Naciones Unidas.

[75] Adoptada el 26 de junio de 1945.

[76] Las itálicas son mías.

[77] Vid. Gros Espiell, Héctor, “La Dignidad Humana en los Instrumentos Internacionales sobre Derechos Humanos”, en Anuario de Derechos Humanos, Volumen 4, Facultad de Derecho Universidad Complutense, Madrid, 2003, pp. 202-203.  

[78] Cf. Pastor Ridruejo, José A., op. cit., 1999, pp.201-203.

[79] Mediante las Resoluciones Número 5 del Consejo Económico y Social del 16 de febrero de 1946, 9 y 12 del 21 de junio del mismo año. Ibidem, p. 202. 

[80] Aprobada por la Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948.

[81] Cfr. García Ramírez. Sergio, Los Valores en el Derecho Mexicano, Fondo de Cultura Económica, México, 1997, p. 244.

[82] Vid. Artículo 1º.

[83] La Resolución emitida por las Naciones Unidas fue la número 2200 A (21) del 16 de diciembre de 1966.

[84] Cfr. García Ramírez, Sergio, op. cit., pp. 246-248.

[85] Aprobado por la Asamblea General de la Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1996. Entró en vigor el 23 de marzo de 1976. Fue ratificado por México el 24 de marzo de 1981 y publicado en el Diario Oficial de la Federación el día 20 de mayo de 1981.

[86] Las itálicas son mías.

[87] Aprobado por la Asamblea General de la Organización de la Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1966. Entró en vigor el 3 de enero de 1976. Ratificado por México el 23 de marzo de 1981 y publicado en el  Diario Oficial de la Federación el día 12 de mayo de 1981.

[88] Las itálicas son mías.

[89] Cfr. De Lora, Pablo, Memoria y Frontera: El Desafío de los Derechos Humanos,  Madrid, Alianza Editorial, 2006, p. 142.